Ayuda
¡Ayuda! ¡Ayuda! Estas palabras se colaron por mi ventana cuando no había amanecido y yo aún me encontraba dormitando. Al oírlas me sobresalté pues la angustia que comunicaban era alarmante. Creyendo que era un sueño, abrí los ojos confiando que al hacerlo los gritos cesarían. No fue así. El miedo de esa chica seguía adentrándose en mi habitación, creando en mí un profundo desasosiego. ¿Qué debía hacer? ¿Salir a la ventana para ver qué pasaba, llamar a la policía, vestirme y salir en su búsqueda? Mientras estaba en estas disquisiciones, la voz se fue alejando hasta apagarse finalmente. Yo, entre extrañado y adormilado, volví a retomar el sueño que tan inesperado suceso había truncado.
A la mañana siguiente, el episodio seguía rondando en mi cabeza y cuando cumplí con la programada visita a mi peluquero no dudé en comentárselo:
- Oye... ¿tú no habrás oído esta noche a una mujer pidiendo ayuda a gritos?
De pronto las tijeras dejaron de castañetear y sus ojos se cruzaron con los míos a través del espejo que teníamos enfrente. La sorpresa y el miedo se dejaban entrever en aquella mirada vidriosa mientras sus labios pronunciaban un dubitativo no. En aquel momento miré hacia la silla contigua donde normalmente trabajaba su novia y ambos supimos lo que había pasado aunque mi mente no era capaz de entender qué le podría haber ocurrido a aquel chico tan tranquilo que se sentaba delante de mí en el colegio para verse envuelto en algo así.
La conversación siguió por los derroteros habituales aunque se notaba forzada. Mis preguntas inconexas surgían en mi cabeza cuando se hacían hueco entre los remordimientos de no haber actuado y sus respuestas monosilábicas eran el reflejo de mayores preocupaciones.
Tras 30 minutos que parecieron eternos, el chico acabó su trabajo. Pagué, me despedí fríamente y salí a la calle decidido a actuar. Esta vez no me quedaría de brazos cruzados e iría a la policía a comunicar mis sospechas. Cuando apenas me había alejado 100 metros, oí un disparo procedente de la trastienda de la peluquería y al instante comprendí que ambos sabíamos que era demasiado tarde.
Este relato está basado en hechos reales. De hecho, su primer párrafo sucedió esta misma noche bajo mi ventana. Viendo el perfil del maltratador, no sería descabellado pensar en un final así. El maltrato puede esconderse detrás de cualquier esquina incluso la de debajo de tu casa.
Los lunes al sol: capítulo 3
Ha comenzado 2008 y se ha retomado la actividad deportiva: se jugaron los partidos de vuelta de los dieciseisavos de final de la Copa del Rey de fútbol, se jugó la penúltima jornada de la primera vuelta de la Liga, Rafa Nadal jugó su enésima final y el Paris Dakar fue suspendido por amenazas terroristas. Está la cosa calentita...
La Copa, trofeo menor
Por mucho que los entrenadores digan que la Copa del Rey es un trofeo muy apetecible, la realidad está en que su relevancia está a la altura de los partidillos amistosos veraniegos. Se trata de probar jugadores que habitualmente no actúan en el once titular con el objetivo de sacar adelante el partido lo mejor posible. Si se gana, pues eso que se lleva uno. Si se pierde, pues mejor porque así se descansa para la liga, el trofeo verdaderamente importante.
Evidentemente, esta es la visión del equipo grande. Para los clubes de Segunda División B a los que les toca un Real Madrid o un Barcelona significa un saneamiento de sus economías con la pequeña posibilidad de lograr una semana de gloria si por algún casual, los suplentes del grande se duermen en los laureles. Aunque con la vuelta al formato de doble partido ni siquiera saltan las sorpresas de los equipos matagigantes. En definitiva, un trofeo que "ni fu ni fa, ni chicha ni limoná".
Espanyol, el tapado
Por lo demás, la Liga sigue igual. San Iker salvando al Madrid (¡¡Balón de Oro ya!!), el Barça sufriendo y el Atlético goleando a domicilio. ¿Os habéis dado cuenta de que están los dos clubes de Madrid y Barcelona en las primeras posiciones? ¿Había esto sucedido alguna vez?
¡¡Rafa, tienes que parar!!
Si me escuchas, hazme caso: no hay cuerpo humano (ni siquiera el tuyo) que aguante un ritmo de 90 partidos cada año. Tienes que dosificarte y reservarte para las citas especiales: Roland Garros (no podemos dejárselo a Federer), Wimbledon (tenemos que quitárselo a Roger) o los Juegos Olímpicos. Si seguimos así, nos pasará como en el reciente torneo de Madrás: llegarás a la final porque eres un superclase pero lo harás tan derrotado físicamente que hasta Youzhny te dará para el pelo. Y eso no puede ser. Porque tú lo vales.
Carlos Sainz vuelve a no ganar
Aunque esta vez no es porque se le rompiese el coche a 700 metros del final, sino porque se suspendió el Rally antes de salir... Las amenazas terroristas han vuelto a dar su fruto y parece que la cosa es más grave de lo que parece...
Es una pena que esta prueba no se lleve adelante tanto por el espectáculo de ver los coches volar sobre las dunas pero sobre todo por la pérdida económica que va a suponer para estos países subsaharianos: se estima que Mauritania dejará de ingresar entre un 15 y un 20 % de su PIB por la suspensión.
La video-curiosidad de la semana
Esta semana también le toca al baloncesto pero en esta ocasión al de parquet y se trata de un análisis desde el punto de vista de un entrenador de la mecánica de tiro de 3 puntos. Y para ello qué mejor modelo que Sweet Lou Bullock.
Hoy, Júpiter
Ya he cumplido con el primero de los 25 libros que me propuse leer durante este 2008. Y en sólo una semana. No vendrá mal la semana que me ha sobrado (52 semanas / 25 libros = 2 semanas / libro) para cuando vengan los tiempos de trabajos y proyectos.
Contraportada: el resumen oficial
Las vidas de Dámaso Méndez y Tomás Montejo corren paralelas, en principio sin otro parentesco que un fluir subterráneo de temas compartidos. La vida de Dámaso es la historia de un odio, cuyo origen se remonta a la adolescencia. Desde entonces, Dámaso consagra su existencia a servir a esas dos pasiones excluyentes que son el odio y el afán de venganza. Por su parte, Tomás, profesor y escritor, joven solitario dedicado por entero a la pasión de los libros y del conocimiento, conoce un día el amor, y con él el desorden, por el que su vida tomará un rumbo imprevisto y tormentoso.
Mi humilde opinión
Tengo una libreta donde voy apuntando los libros que voy leyendo y en donde señalo de alguna manera aquellos que me han gustado. En esa clasificación personal, sólo hay lugar para 3 opciones: 0 estrellas, el libro no me ha gustado o no ha destacado por nada en especial; 1 estrella, el libro me ha gustado y lo recomendaría leer y 2 estrellas, estamos ante una obra maestra, un imprescindible. Pues bien, Hoy, Júpiter ha recibido 1 estrella aunque tal vez me quede un poco corto.
Se trata de uno de esos libros que toca los temas clásicos de la literatura universal (el amor, el odio, la soledad o la venganza) pero lo hace con tal destreza técnica que se disfruta con estas historias tan manidas. Su fluidez es increible y sin apenas darte cuenta, has acabado con las 400 páginas que ocupa.
En estas 400 páginas Landero cuenta dos historias que, por lo leído en Internet, tienen bastante de autobiográficas. En una de ellas, la mejor a mi forma de ver, se aborda el odio como forma de vida. La soledad, la angustia y el deseo de venganza hacia el padre que nunca confió en las posibilidades del hijo centran la atención de esta historia. Se personifica el odio en una voz interior de Dámaso Méndez que lo incita a la venganza, creando así un tercer personaje fundamental para el entendimiento de la historia.
La historia de Tomás es también una historia de soledad. Una soledad buscada que encuentra en los libros todo lo necesario para la supervivencia. O eso creía Tomás hasta la aparición de Marta, una jovencita iletrada que le permitirá desarrollar su único encanto: el magnetismo de los contadores de historias. Sus inquietudes culturales le harán buscar en otras fuentes amorosas para finalmente arrepentirse del camino tomado. Cuida lo que tienes podría ser la moraleja de esta historia.
Sin duda Landero puede ser considerado un buen escritor porque sin la necesidad de grandes alardes argumentales (su mayor extravagancia es la de entrecruzar ambas historias alternando capítulos) consigue enganchar al lector. Los finales de los capítulos siempre te hacen pedir más y eso merece 1 estrella o algo más.
Se trata de uno de esos libros que toca los temas clásicos de la literatura universal (el amor, el odio, la soledad o la venganza) pero lo hace con tal destreza técnica que se disfruta con estas historias tan manidas. Su fluidez es increible y sin apenas darte cuenta, has acabado con las 400 páginas que ocupa.
En estas 400 páginas Landero cuenta dos historias que, por lo leído en Internet, tienen bastante de autobiográficas. En una de ellas, la mejor a mi forma de ver, se aborda el odio como forma de vida. La soledad, la angustia y el deseo de venganza hacia el padre que nunca confió en las posibilidades del hijo centran la atención de esta historia. Se personifica el odio en una voz interior de Dámaso Méndez que lo incita a la venganza, creando así un tercer personaje fundamental para el entendimiento de la historia.
La historia de Tomás es también una historia de soledad. Una soledad buscada que encuentra en los libros todo lo necesario para la supervivencia. O eso creía Tomás hasta la aparición de Marta, una jovencita iletrada que le permitirá desarrollar su único encanto: el magnetismo de los contadores de historias. Sus inquietudes culturales le harán buscar en otras fuentes amorosas para finalmente arrepentirse del camino tomado. Cuida lo que tienes podría ser la moraleja de esta historia.
Sin duda Landero puede ser considerado un buen escritor porque sin la necesidad de grandes alardes argumentales (su mayor extravagancia es la de entrecruzar ambas historias alternando capítulos) consigue enganchar al lector. Los finales de los capítulos siempre te hacen pedir más y eso merece 1 estrella o algo más.
Reseñas en prensa | El Norte de Castilla y Diario Hoy
Críticas en otros blogs | Ocultando el Sol con la cabeza de un alfiler y Cuaderno
Próximo libro: El arte de amar, Erich Fromm
Si aprendiésemos sólo lo que necesitáramos...
... las carreras universitarias no existirían.
Visto en Escolar
Publicado por Raúl Velasco a las 16:55
Twittealo Categorías ciudadanía, educación, universidad, viñeta
Los intocables
Por mucha razón que tuviera en el fondo, las formas le perdieron y cometió, en mi opinión, un grave error. Una persona de su posición no puede expresarse de esta forma en ningún ámbito y mucho menos en una Cumbre Internacional delante de cientos de cámaras.
Algo que a mí me parece tan de sentido común, obviamente no lo es a los ojos de los medios de comunicación. Mientras el diario El País le considera "Personaje del año" y dedica todo un suplemento dominical a la loa de sus virtudes, televisiones públicas y privadas ofrecen reportajes monográficos día sí y día también. Parece que los periodistas agradecen este tipo de comportamientos "estilo Belén Estebán" que les ha ayudado a llenar tantas horas de programación.
Como en mi caso no hay programaciones que llenar, si este es el modelo de monarquía que vamos a tener a partir de ahora, paren en este tren que yo me bajo. Y parece ser que no soy el único.
Publicado por Raúl Velasco a las 16:33
Twittealo Categorías monarquía, personaje del año, por que no te callas, rey
Ciencia contra la pobreza
- ¿Es positivo dar libros a los niños de países en vías de desarrollo para mejorar su educación?Este diálogo extraído del blog de Pere Estupinyà trata de ejemplificar el trabajo realizado por el Poverty Action Lab, centro asociado al Departamento de Economía del Massachussets Institute of Technology (MIT). Su misión es la de rentabilizar al máximo las ayudas al desarrollo que parten desde los países ricos tratando de racionalizar científicamente las decisiones a tomar.
- ¡Sí, claro!
- ¿Cómo lo sabes?
- Hombre, me imagino que…
- No imagines nada. ¿Es más efectivo que proporcionarles un profesor adicional, o darles desayuno gratuito?
- No lo sé… Una cosa no quita la otra…
- Si tienes un presupuesto ajustado sí.
- Pero mejor tener libros que no tenerlos. Yo creo que….
- No creas nada. Es un tema demasiado serio para abordarlo según lo que “creas”. Si tu objetivo es mejorar la educación en un país como Kenia, y dispones de unos recursos limitados, deberías tener muy claro cuál es la forma más eficiente de gastarlos.
- ¿Y cómo puedo averiguarlo?
- Selecciona un buen número de escuelas con características similares en una misma región. A unas les das libros, a otras les suministras profesores, a otras das comida gratis a los alumnos que acudan a clase, en otras regalas uniformes, en otras desparasitas a los niños regularmente, y en otras no haces nada de momento. Intenta controlar todos los factores que puedas, sigue el desarrollo de los alumnos durante uno o dos años, y al final analiza qué impacto real ha tenido cada medida, y cuánto te ha costado.
- ¿Esto me recuerda a los estudios sobre salud, no? Para ver si el aceite de oliva es bueno para el corazón, y todo eso…
- ¡Exacto! Se llama un “randomized trial”, y es una metodología propia de los estudios epidemiológicos.
- Me parece un poco exagerado… ¿esto se debe hacer en cada caso?
- No. Si quieres solucionar problemas concretos que ya tienes bien identificados, o cuentas con mucha experiencia sobre el terreno, quizás no es necesario. Pero si pretendes abordar una situación nueva, o tienes dudas sobre si ciertos programas ya implantados son efectivos o no, estos estudios pueden resultar de gran ayuda.
- De todas formas, es un proceso un poco lento, ¿no?
- Piensa a medio plazo.
- Entonces… ¿Cuál es la mejor forma de mejorar la educación?
Al principio estos randomized trials pueden sonar un poco fuertes pero corresponden a la aplicación del método científico que tanto progreso ha generado durante la Historia. Dado que el dinero es un bien limitado y evidentemente mal repartido, siempre hay que decidir en qué invertirlo y cuando se trata de cubrir necesidades básicas a veces nos dejamos llevar por la solución más inmediata dada la urgencia. Con esta aplicación de la ciencia, no sólo sabremos que es lo mejor para los receptores de la ayuda sino que contribuiremos a rentabilizar las ayudas de los donantes.
PD: Por cierto, la mejor opción de las contempladas en el diálogo del comienzo del post resultó ser la desparasitación de los niños: "además de ser la acción más barata, los niños sin gusanos intestinales perdían menos días de clase y tenían un rendimiento escolar muchísimo mejor". A veces, lo más evidente no es la mejor opción.
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