Mostrando entradas con la etiqueta tiempo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tiempo. Mostrar todas las entradas
5 comentarios

El tiempo (o la falta de él)


Muchas veces se dice que sin dinero no se encuentra la felicidad. Yo sustituiría la palabra dinero por la polisémica tiempo.
El tiempo meteorológico influye en la felicidad y quien lo niegue, miente. El Sol da ganas de hacer cosas, de vivir. Los cortos y fríos días del invierno te hacen recluirte en casa, al abrigo de la intemperie. Te matan la inspiración. Te congelan.
Pero no es sólo esta acepción de tiempo la que influye sobre el estado de ánimo. Sobre todo, es la falta de tiempo para hacer cosas. Esos momentos que antes dedicabas a hacer lo que querías pero que te han sido arrebatados por imposiciones externas. Enfermedades, trabajo, compromisos que te hacen abandonar lo que hace tu vida diferente.
¿Y todo este rollo para qué? Pues para explicar mi ausencia de A Capella desde finales de septiembre. Como anuncié por aquellas fechas, me he trasladado a vivir a Holanda. Y desde entonces, mi vida ha sido trabajo, trabajo y trabajo. Sinceramente, he trabajado más duro que en toda mi vida y el estrés ha hecho mella en ciertos momentos. Todo ello unido a las responsabilidades propias de la emancipación, han hecho que abandonase mi querido rincón de expresión.
¡¡Pero he vuelto!! Y espero que por mucho tiempo... Sin embargo, la versión 3.0 de A Capella tendrá otro estilo. La inevitable desconexión del día a día del país del flamenco y la paella hará que este blog tenga un tono más internacional. Me explico. Pretendo transmitir algunas curiosidades de trabajar en un ambiente policultural en donde indios, portugueses, serbios, vietnamitas, indonesios y españoles comparten algo más que mesa de trabajo. ¿Nos parecemos en algo? En mucho más de lo que creemos.
También pretendo publicar algún que otro microrrelato (por algo algunos me llaman El Poeta) y algún pequeño diseño, así como seguir recogiendo aquí todo aquello que me encuentre por la Red y me llame la atención. Tampoco dejaré de comentar los libros que lea, aunque este año sin retos de por medio. Que la vida laboral no me permite tales excesos.
Espero que todo esto venga regado por una buena serie de sesudos comentarios que me den aún más ganas de escribir. Os espero con los brazos abiertos.

Fotografía | Un retrato en el tiempo de FJTU

0 comentarios

Pintando el tiempo

Dos mujeres, dos épocas, dos lugares, dos ritmos. Dos historias que parecen navegar por cauces distintos serán las que llevarán el peso de El color del tiempo y las que finalmente acabarán confluyendo en un final emocionante.
Esta novela es de esos libros que deben leerse lentamente degustando el lirismo que desprenden y en donde la belleza de su prosa te hace pedir más, no tanto por el desarrollo del argumento sino por lo elaborado de algunos de sus pasajes.
Leer también es cantar. Leo con el silencio de mi voz la música de las palabras, que tejen sobre el papel el ritmo íntimo de la vida
Bajo esas dulces palabras, sin embargo existen fuertes críticas al nacionalismo, se habla cara a cara con la muerte, se afrontan terribles separaciones y por supuesto, se habla de ese binomio universal: el amor y el desamor.
Todo ello se relata de una forma pausada, razonada, sin crispación. Parándose en los pequeños detalles de la descripción cuando el momento lo requiere pero también dando vivacidad a la trama cuando el desenlace se acerca a su fin. Retrata de manera certera el universo femenino con una profunda sensibilidad pero sin caer en la mojigatería.
Un libro en definitiva que merece ser leído con lapiz y papel para tratar de atrapar para la memoria momentos de extraordinaria literatura.
Yo me encerraba en mi cuarto para escribir a papá, me aislaba, me escapaba de la vida para mirarla bien y así poder contarla. Me atrevía a escribir cosas que nunca diría, cosas que eran verdad, pues no me tentaba la idea de inventar o mentir. Mi pensamiento se iba lentamente vaciando, hasta que se quedaba satisfecho y en paz. Sólo cuando esta sensación me invadía, daba por finalizada la carta.

1 comentarios

La carta


Yo me encerraba en mi cuarto para escribir a papá, me aislaba, me escapaba de la vida para mirarla bien y así poder contarla. Me atrevía a contar cosas que nunca diría, cosas que eran verdad, pues no me tentaba la idea de inventar o mentir. Mi pensamiento se iba lentamente vaciando, hasta que se quedaba satisfecho y en paz. Sólo cuando esa sensación me invadía, daba por finalizada la carta. Entonces, la leía de un tirón y regresaba al mundo, y desde el mundo me era dado comtemplar en esa carta el cuerpo de la vida, su insospechada profundidad, su redondez y su color. Me parecía prodigioso que la rutina, los pequeños y ordinarios acontecimientos de mis días adquirieran al ser relatados tan extraordinaia naturalezam y con el paso del tiempo he ido afianzándome en la convicción de que todo existe con eco, con sombra. Todo es más de lo que se muestra, todo en su apariencia no hace sino comenzar, todo se completa y tal vez se explica en un oculto silencio. Todo, hasta el tedio más incontestable, participa de otro esencia portentosa y redentora.
Extracto del libro que estoy leyendo ahora mismo, El color del tiempo. De momento pinta muy bien: seguiré contándoos...

Fotografía | Letters de Romanlily