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25 libros

Como propósito para el nuevo año he tomado prestada una interesante iniciativa de pjorge. Yo no seré tan intrépido como para proponer un número tan elevado como 50, pero empezaré con la promesa de leer y reseñar en este blog los siguientes 25 libros:

Enero
  1. Hoy, Júpiter, Luis Landero.
  2. El arte de amar, Erich Fromm.
Febrero

3. La mancha humana, Philip Roth.

Marzo

4. El gran silencio, David Torres.
5.
Seda, Alessandro Baricco.

Abril

6. El último trayecto de Horacio Dos, Eduardo Mendoza.

Mayo

7. Putas asesinas, Roberto Bolaño.
8. La venganza de la tierra, James Lovelock.

Junio

9. Novecento, Alessandro Baricco.
10. Bestiario. Julio Cortázar.

Julio

11. Las intermitencias de la muerte. José Saramago.

Agosto

12. La elegancia del erizo. Muriel Barbery.
13. Chesil Beach. Ian McEwan.
14. El juego del ángel. Carlos Ruiz Zafón.

Septiembre

15. La broma. Milan Kundera.

En cartera
  1. El corazón helado, Almudena Grandes.
  2. La voz dormida, Dulce Chacón.
  3. Ébano, Ryszard Kapuscinksi.
  4. Diario de un cazador, Miguel Delibes.
  5. Romanticismo, Manuel Longares.
  6. El vuelo de las termitas, Luis Leante.
  7. The god of small things, Arundhati Roy.
  8. La suma de los días, Isabel Allende.
  9. El club Dante, Matthew Pearl.
  10. Testigo de la Historia, Iñaki Gabilondo.
  11. Retorno 201, Guillermo Arriaga.
  12. El fin de la pobreza, Jeffrey Sachs.
  13. Vinieron como golondrinas, William Maxwell.
Como véis los últimos 4 libros tienen autor pero no título y es aquí donde vosotros me podéis ayudar: ¿conocéis algún libro especialmente recomendable de estos autores? Y como no va a ser todo pedir, os propongo un trato. Ya tengo en mi poder los primeros 12 libros de esta lista pero aún no tengo los 13 siguientes. Si alguien tiene alguno de los últimos y desea leer alguno de los primeros (o algún otro que yo tenga: se admiten peticiones...), que no dude en comunicármelo a través de los comentarios de este blog o vía email y estaré encantado de realizar un "trueque literario".

Actualización 27/12/2007 | Gracias a la recomendación del cuerdo de atar Pablo, la lectura por determinar de Milan Kundera ya está determinada: La broma es la elegida.

Actualización 21/07/2008 | Por una no demasiado buena crítica sobre Bukowski, he descartado a este autor hasta mejores momentos. Ha sido sustituido por Saramago gracias a un regalo de cumpleaños.

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Pintando el tiempo

Dos mujeres, dos épocas, dos lugares, dos ritmos. Dos historias que parecen navegar por cauces distintos serán las que llevarán el peso de El color del tiempo y las que finalmente acabarán confluyendo en un final emocionante.
Esta novela es de esos libros que deben leerse lentamente degustando el lirismo que desprenden y en donde la belleza de su prosa te hace pedir más, no tanto por el desarrollo del argumento sino por lo elaborado de algunos de sus pasajes.
Leer también es cantar. Leo con el silencio de mi voz la música de las palabras, que tejen sobre el papel el ritmo íntimo de la vida
Bajo esas dulces palabras, sin embargo existen fuertes críticas al nacionalismo, se habla cara a cara con la muerte, se afrontan terribles separaciones y por supuesto, se habla de ese binomio universal: el amor y el desamor.
Todo ello se relata de una forma pausada, razonada, sin crispación. Parándose en los pequeños detalles de la descripción cuando el momento lo requiere pero también dando vivacidad a la trama cuando el desenlace se acerca a su fin. Retrata de manera certera el universo femenino con una profunda sensibilidad pero sin caer en la mojigatería.
Un libro en definitiva que merece ser leído con lapiz y papel para tratar de atrapar para la memoria momentos de extraordinaria literatura.
Yo me encerraba en mi cuarto para escribir a papá, me aislaba, me escapaba de la vida para mirarla bien y así poder contarla. Me atrevía a escribir cosas que nunca diría, cosas que eran verdad, pues no me tentaba la idea de inventar o mentir. Mi pensamiento se iba lentamente vaciando, hasta que se quedaba satisfecho y en paz. Sólo cuando esta sensación me invadía, daba por finalizada la carta.

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Aprender a escribir

En EP3 hoy me encuentro con la nueva hornada de novelistas norteamericanos. Se trata de 10 de los 21 mejores escritores menores de 35 años que publica la revista Granta. Si digo la verdad la mayoría de sus nombres me es totalmente desconocido, con alguna rara excepción de la que había oído hablar de pasada.
Al margen de lo curioso que suele ser leer el "cómo se hizo el escritor", hay algo que me ha sorprendido tremendamente por lo que representa de nexo de unión entre estos novelistas.
La mayoría de ellos han realizado o imparten cursos de escritura creativa. Al leer este tipo de cosas, siempre me asalta la duda: ¿la creatividad se puede aprender? ¿Acaso alguien creativo puede transmitir aquellas sensaciones que a él le han servido como inspiración? ¿Le funcionarán a otra persona los mismos trucos empleados por estos enseñantes de lo creativo?
En esa idea romántica que yo tengo de la profesión de escritor me imagino la llegada de la inspiración como una repentina ráfaga de ideas que sirven como germen para la creación de "la obra maestra". Esta chispa puede llegar o no y si llega puede fructificar en algo relevante o no hacerlo, pero no puede crearse artificialmente a partir de recomendaciones académicas.
Evidentemente, el desarrollo de esas ideas en forma de novela necesita de una técnica literaria muy depurada para que el resultado sea el deseado y es ahí donde entra la mano del "profesor". No obstante, de igual manera que una obra musical puede estar perfectamente interpretada pero no llegar a emocionar al oyente, un libro puede ser técnicamente perfecto y no transmitir ninguna sensación. Necesitará de un algo especial que conecte con el lector y eso no puede enseñarse. Debe surgir a partir del buceo en uno mismo y en otras obras con ese charme.
Sin duda, se puede escribir sin ese toque y vender millones de copias, pero entonces estaremos hablando de entretenimiento y no de literatura. Llegar a ser Dan Brown es difícil pero escribir como Paul Auster es... otra cosa.

Fotografía | Nicole Krauss, una de las promesas yankees, según la Wikipedia

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La carta


Yo me encerraba en mi cuarto para escribir a papá, me aislaba, me escapaba de la vida para mirarla bien y así poder contarla. Me atrevía a contar cosas que nunca diría, cosas que eran verdad, pues no me tentaba la idea de inventar o mentir. Mi pensamiento se iba lentamente vaciando, hasta que se quedaba satisfecho y en paz. Sólo cuando esa sensación me invadía, daba por finalizada la carta. Entonces, la leía de un tirón y regresaba al mundo, y desde el mundo me era dado comtemplar en esa carta el cuerpo de la vida, su insospechada profundidad, su redondez y su color. Me parecía prodigioso que la rutina, los pequeños y ordinarios acontecimientos de mis días adquirieran al ser relatados tan extraordinaia naturalezam y con el paso del tiempo he ido afianzándome en la convicción de que todo existe con eco, con sombra. Todo es más de lo que se muestra, todo en su apariencia no hace sino comenzar, todo se completa y tal vez se explica en un oculto silencio. Todo, hasta el tedio más incontestable, participa de otro esencia portentosa y redentora.
Extracto del libro que estoy leyendo ahora mismo, El color del tiempo. De momento pinta muy bien: seguiré contándoos...

Fotografía | Letters de Romanlily

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El salario mínimo cultural

Tras leer su biografía Sabina en carne viva la sensación que extraigo es que este crápula ex-drogadicto se parece mucho a mí.
Se parece en sus opiniones sobre Cuba:
Si el mundo fuera como yo quisiera, gritaría contra Fidel
Se parece cuando habla de la monarquía:
A mí la monarquía no me ha hecho nada ni yo a ella, pero creo que un país se considera a sí mismo menor de edad si cree que necesita a unos señores puestos ahí por herencia
Pero sobre todo se parece cuando habla de la única revolución necesaria:
Estamos hablando de la única revolución de la que espero algo y la única que queda después de un siglo XX con tantas hermosas y siniestras revoluciones, con tantos Stalin. Estoy hablando de la única revolución que yo espero con todo mi corazón: la educación
Y para llevarla a cabo propugna lo que llama el salario cultural mínimo: cuatro libros en la casa del más pobre de manera que los niños, los padres y los abuelos de esa casa tengan el salario mínimo educacional para poder leerlos y entenderlos.

Esa sí que sería una revolución que yo apoyaría con todas mis fuerzas. ¿Cuándo empezamos?

Fotografía | Cartel de la última gira de Joaquín Sabina, Alivio de Luto

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La extensión de la memoria y la imaginación



De todos los instrumentos del hombre, el más admirable es, sin duda alguna, el libro. El resto son extensiones del cuerpo .El microscopio, el telescopio, son extensiones de la vista; el teléfono es extensión de la voz. Después está el arado y la espada, extensiones del brazo. Pero el libro es otra cosa: el libro es extensión de la memoria y la imaginación.
Jorge Luis Borges

Fotografía | Biblioteca de PoLiTvS