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Los soñadores y los valientes

Interesantísimo el debate que han mantenido los contertulios del programa Hora 25 sobre el tema de las pensiones. Han hablado sobre las propuestas de la ampliación de la edad de jubilación a los 67 años y el aumento del número de años mínimo para recibir la pensión de 15 a 25 años pero ante todo, sobre los "dimes y diretes" que estas ideas han ocasionado.


Se ha planteado si el optimismo sin límites del presidente es contraproducente y han puesto un ejemplo muy claro. Cuando vamos al médico deseamos que nos diga la verdad, aunque sea dura, porque así conoceremos de primera mano cuál es el problema pero también cuáles son las soluciones para el mismo. ¿Por qué entonces cuando Zapatero habla de economía (el que tenía que recibir "un par de clases") parece que España es líder mundial en todo? ¿Por qué no estábamos "en crisis" y hablábamos de "recesión"? ¿Por qué se sugieren futuras mejoras del estado de la economía de nuestro país cuando nunca se cumplen?


Quizás haya llegado el tiempo de los valientes. De los que proponen medidas impopulares como las de las pensiones pero las mantienen si creen que son adecuadas*. Como también se habló de la necesidad de la llegada de 7 millones de trabajadores inmigrantes hasta 2030. Pero en situaciones de crisis se necesitan soluciones de urgencia. Y se necesita que todos los agentes sociales se pongan manos a la obra y colaboren. Por ejemplo, ¿qué pasa con los empresarios? Para estos (excepto para Diaz Ferrán) parece que no hay crisis  puesto que los beneficios siguen subiendo.


Pero lo que sobre todo se necesita es un gobierno que coordine, que genere confianza, que sea dialogante pero firme, que admita opiniones pero que tenga una única voz. Los soñadores son perfectos cuando el viento sopla a favor pero cuando vienen mal dadas necesitamos valientes.




* Si queréis saber mi opinión sobre las medidas en sí, creo que la ampliación a 67 años es algo natural dado el envejecimiento de la población y el paso de 15 a 25 años me parece desmesurado y que afectaría de manera más evidente a las clases bajas que deberían ser las más protegidas.

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Inteligencia y libertad

Este es el nombre de la página web de Francisco Capella, miembro fundador del Instituto Juan de Mariana, con quien tropecé navegando por la Red. Este físico con posgrados en Astrofísica y en Inteligencia Artificial e Ingeniería del Conocimiento y que se declara autodidacta en temas de filosofía, evolución biológica y cultural, ciencia cognitiva, epistemología, economía, ética y liberalismo, publicó un artículo llamado "Sostenibilidad y generaciones futuras" que llamó mi atención.


En dicho artículo este hombre ilustrado deja perlas como las siguientes (las negritas son mías):


"Los recursos minerales seguramente no llegarán a agotarse nunca: conforme sus existencias decrezcan y dependiendo de cómo evolucione el coste de su extracción, al elevarse su precio otras alternativas serán más atractivas. Descubrir qué opciones son mejores es tarea de los empresarios guiados por los beneficios y las pérdidas: la planificación estatal tecnocrática está condenada al fracaso por problemas de falta de incentivos e información".


"Ni cualquier pasado fue mejor ni el presente es algo intocable que hay que legar a las generaciones futuras. Las personas del futuro existirán en unas condiciones que para ellos serán normales, las únicas que habrán conocido. Además serán mucho más ricas gracias a la acumulación de capital, de conocimientos científicos y tecnológicos, de cultura, de arte. Las generaciones futuras no tienen derechos (ni como colectivos ni como individuos actualmente inexistentes) ni los necesitan".


Este adalid del liberalismo hace una defensa a ultranza del sistema capitalista desde el punto de vista del rico, del empresario. Pero, ¿qué pasa con todos aquellos que ni son empresarios ni tienen la suerte de disfrutar de todo ese capital que Capella idolatra?


Tras comentar este artículo me dispuse a buscar algo más de este "autor". Fue entonces cuando llegué a Inteligencia y Libertad y cuando se me pusieron los pelos de punta. Porque por lo visto, "el socialismo es un ideario éticamente inadmisible contrario a la naturaleza humana" y yo ando votando al PSOE en contra de mi naturaleza. Yo creo que este sería el momento de ilegalizar este partido e ilegalizar las ideas de unos 10 millones de personas que en España no sabemos lo que hacemos. Según se ve no somos suficientemente inteligentes para saber qué está en nuestra naturaleza.


Pero es que algunos somos producto de la enseñanza pública que "es principalmente adoctrinamiento estatal obligatorio y produce súbditos pasivos, ciudadanos incapaces de pensar por sí mismos y propensos a aceptar las ideologías políticas dominantes". Menos mal que tenemos mentes preclaras que nos guían por el buen camino del saber. Aunque, pensándolo bien, tal vez las carreras y posgrados de Capella hayan estado de alguna manera financiados por algún organismo estatal, ¿estará él también contaminado?


No sé si estará contaminado por el servil dinero público pero lo que está claro es que se trata de un grave caso de onanismo intelectual y verborrea excesiva. Espero que haya alguna buena clínica (privada) que se lo cure.


PD: El título de este blog y el nombre del "filósofo" aquí mencionado son, como diría el susodicho, una terrible coincidencia polisémica. Disculpen las molestias. 

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De hombres buenos

Esta entrada es fruto de una provocación. La provocación de Javier Cercas y su Anatomía de un instante. Un espléndido ensayo sobre el 23-F que comentaré en alguna entrada en el futuro. Pero ahora estamos aquí para hacer frente a una provocación.


La provocación llega cuando después de hacer una disección sobre el terremoto político que generó el intento de golpe de estado Cercas explica la verdadera razón de escribir un libro así: tratar de entender a su padre. Su padre, un hombre bueno, uno de tantos falangistas de adopción que creó la Guerra Civil.


Un hombre bueno como mi abuelo. Hombre de principios al que la tradición familiar, el momento político o vaya usted a saber qué, lo convirtieron en un hombre de derechas. Un hombre que siempre se manejó con una exquisita decencia y cuyo único objetivo en la vida era proporcionar una vida feliz a su mujer e hijos. Hijos que como Cercas se alinearon en el bando político contrario. Hijos que discutieron con su padre sobre política hasta que entendieron que las diferencias políticas no importan si los principios morales son los adecuados. Hijos que trataron de alcanzar la bonhomía de este hombre derecho, no de derechas.


Hijos como mi padre, cuyo modelo de vida fue su progenitor a pesar de sus ideas políticas. Padre que cuidó de su padre cuando se acercaba la muerte de éste, padre que cuida de su madre ahora que se encuentra perdida en las marismas de la vejez, padre que cuida de su mujer en los buenos y en los malos momentos. Y padre que siempre ha cuidado de su hijo desde los mismos valores morales que le transmitió su padre.


Padre que con sus silencios dice mucho más que con las palabras. Padre que dejó que su hijo aprendiese (o tratase de hacerlo) qué es ser un buen hombre de la misma manera que él lo aprendió de su padre: estando vigilante en la sombra, sin hacer ruido pero siempre presente.


Padre que ha sido un ejemplo de vida y que siempre lo será. En la coincidencia o en la discrepancia siempre se aprende de él. Porque de él, aunque desde su modestia no lo crea, muchos hemos aprendido qué es ser un hombre bueno. Espero ser la mitad de buen profesor de lo que tú eres porque entonces seré un hombre feliz. Habré seguido las enseñanzas de dos hombres buenos.


Curro

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Amnistías

Parece ser que en tiempos difíciles hay que que hacer tabula rasa y olvidar. Las negociaciones requieren que ambas partes cedan. Se hizo durante la Transición aquí en España y se sigue haciendo en países como Honduras. 


Pero la historia no se puede reescribir. Por mucho tiempo que pase, los amnistiados seguirán siendo golpistas y sus crímenes seguirán vigentes en las mentes de los que los vivieron. Eso es lo que yo llamo "memoria histórica".

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La traición

Yo que nací un año después de 23-F le estoy sacando mucho jugo a Anatomía de un instante. Yo no puedo decir qué estaba haciendo aquel día pero no me importaría haberlo vivido. Siempre y cuando, el final fuese el mismo...


"En la España de los años setenta la palabra reconciliación era un eufemismo de la palabra traición, porque no había reconciliación sin traición o por lo menos sin que algunos traicionasen. Suárez, Gutiérrez Mellado y Carrillo lo hicieron más que nadie, y por eso muchas veces se oyeron llamar traidores.  En cierto modo lo fueron: traicionaron su lealtad a un error para construir su lealtad a un acierto; traicionaron a los suyos para no traicionarse a sí mismos; traicionaron el pasado para no traicionar el presente. A veces sólo se puede ser leal al presente traicionando el pasado. A veces la traición es más difícil que la lealtad".

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La ciencia: una carrera de obstáculos

Esta mañana he leído en el diario Público dos reportajes que me parece que tienen cierta conexión. En el primero de ellos se habla de la generación "ni-ni". Confieso que era la primera vez que oía el término pero reconozco lo que se cuenta en el artículo: aquellos jóvenes que ni estudian ni trabajan porque "en casa se vive muy bien". El segundo artículo cuenta la experiencia de tres "precarios de oro" y su opinión sobre la futura Ley de Ciencia que quiere sacar el Gobierno adelante.


Aparentemente ambas noticias no tienen nada en común pero tal vez por tratarse de un tema que me toca de cerca les he visto cierta conexión. ¿Será tal vez que los jóvenes no se ven motivados a continuar sus estudios para acabar siendo unos precarios (aunque sea de oro)? ¿Será que quien tiene ciertas inquietudes científicas no quiere acabar mendigando becas hasta cumplir los 40? Es cierto que pocos de los llamados "ni-ni" serán científicos vocacionales pero a mi me gusta centrarme en las minorías. En mi minoría.


Como hacen los precarios en el reportaje de Público os relataré mi viaje científico. Acabada la Selectividad no sabía exactamente a qué me quería dedicar aunque sabía que me atraía la ciencia. Más concretamente me intrigaba el funcionamiento del cuerpo humano: cómo las moléculas parecían ser guiadas a través de tuberías que las conducían a "centros de reacción" donde construían ladrillo a ladrillo lo que conocemos como ser humano. 


Todos habréis adivinado a estas alturas que mi futuro se vería encaminado hacia la química. Algunos habréis sido más concretos y habréis pensado en la bioquímica. Pues bien, ahí llegó mi primera decisión profesional. ¿Qué salidas profesionales ofrecía la carrera de bioquímico? Profesor de secundaria y becario de investigación. No muy atractivas, ¿verdad? ¿Qué había en el mercado universitario que tuviese algo más de futuro? Había un titulillo por ahí que se llamaba Ingeniería Química y que, aunque no hablaba del ser humano, hablaba de las moléculas y los centros de reacción. Ofrecía (a priori) la posibilidad de investigar pero también tenía salidas hacia la más pragmática industria.


Así que emprendí el camino de la Ingeniería Química. Tras 3 años de carrera decidí cambiar de aires e irme a Glasgow a vivir una experiencia Erasmus. Pero el mío no fue un Erasmus típico. Se me ofreció hacer el último curso completo de Química (proyecto fin de carrera incluido) optando a obtener el título por aquella universidad. Después de 9 meses, conseguí mi diploma y gracias a un proyecto final de una calidad más o menos aceptable, se me abrieron las puertas de doctorados en el Reino Unido. Sin embargo, como aún tenía 2 largos años de estudio en España, volví a casa.


Cuando concluí esos dos años, y teniendo acabadas las asignaturas, debía comenzar mi proyecto final de carrera en España. Pero a la vez comencé a participar en la investigación en uno de los departamentos. Me picaba la curiosidad de cómo sería la investigación en la "vida real". Gracias a una jefa eficiente y a la que le gustaba su trabajo, el virus de la investigación me contaminó y solicité una de esas becas del CSIC para estudiantes de último año de carrera. Obviamente, dado que el número de becas era limitadísimo, no conseguí entrar el organismo científico español por excelencia.


Simultaneé mi proyecto fin de carrera con la investigación y con un plan de empresa para premio de Nuevas Ideas Empresariales. Fui cerrando capítulos durante dos años y de nuevo se abrieron nuevas puertas profesionales. Acabada definitivamente la carrera y tras dos años investigando, debía decidir hacia dónde me quería orientar profesionalmente. 


Entonces entró en consideración la situación de mis compañeros doctorandos en España. Gente con familia y pisos y coches que pagar, se veían con sueldos de menos de 1000 euros para pasar el mes. Podría haberse tratado de una "inversión de futuro". Pero el futuro no auguraba nada mejor. La consecución de plazas estables en la universidad era algo menos que imposible y siempre implicaba la docencia. ¿Es que uno no puede dedicarse simplemente a investigar? ¿Es que no hay empresas privadas que fomenten la investigación y contraten doctores para fomentar la innovación? preguntaba yo. La respuesta realista a ambas preguntas era no.


Se me ofrecieron algunos doctorados en España. La oferta es mucho mayor que la demanda de modo que quien quiera embarcarse en esa aventura lo tiene fácil para coger ese tren. Sin embargo, ese no era mi tren. Mi tren reclamaba algo más para el futuro. Y eso sólo me lo podía ofrecer el extranjero. Como comenta uno de los precarios de oro en el reportaje, es triste no poder retribuir a tu país lo que éste se ha gastado en tu educación pero la ciencia no sé hace por amor al arte.


La ciencia debe ser el motor de un país y ese motor no se puede construir con personas que no se ven retribuidas suficientemente. Los engranajes no pueden basarse en becas temporales que no ofrecen estabilidad a medio plazo. El desarrollo científico es una carrera de larga distancia en la que el ganador no debería ser quién más sufre para llegar al final sino quien llega con una sonrisa a la meta habiendo disfrutado de la experiencia. 


Es por eso que la nueva Ley de la Ciencia es necesaria. Debe ser un acicate para que aquellos que ni estudian ni trabajan vean que el estudio merece la pena. Que llegar a ser científico no es una quimera sino una profesión de futuro y para el futuro. Porque la motivación es muchas veces el mejor de los alimentos.

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A Capella v. 3.0

A Capella v. 3.0


El problema del almacenamiento de energía

Posted: 22 Jan 2010 12:39 PM PST