La carta


Yo me encerraba en mi cuarto para escribir a papá, me aislaba, me escapaba de la vida para mirarla bien y así poder contarla. Me atrevía a contar cosas que nunca diría, cosas que eran verdad, pues no me tentaba la idea de inventar o mentir. Mi pensamiento se iba lentamente vaciando, hasta que se quedaba satisfecho y en paz. Sólo cuando esa sensación me invadía, daba por finalizada la carta. Entonces, la leía de un tirón y regresaba al mundo, y desde el mundo me era dado comtemplar en esa carta el cuerpo de la vida, su insospechada profundidad, su redondez y su color. Me parecía prodigioso que la rutina, los pequeños y ordinarios acontecimientos de mis días adquirieran al ser relatados tan extraordinaia naturalezam y con el paso del tiempo he ido afianzándome en la convicción de que todo existe con eco, con sombra. Todo es más de lo que se muestra, todo en su apariencia no hace sino comenzar, todo se completa y tal vez se explica en un oculto silencio. Todo, hasta el tedio más incontestable, participa de otro esencia portentosa y redentora.
Extracto del libro que estoy leyendo ahora mismo, El color del tiempo. De momento pinta muy bien: seguiré contándoos...

Fotografía | Letters de Romanlily

1 comentarios:

Zuriñe Vázquez dijo...

Me resulta estimulante y muy interesante el que se descubran nuevos escritores que no están tan mimados por los medios, y para eso internet es fabuloso y los lectores que tenemos blogs.
Tus comentarios en PD me encantan, son muy sensatos.